Por Alejandro Prodan, Presidente de ELT Argentina S.A. – Italavia
Hablar de iluminación en el mundo del Real Estate es hablar de mucho más que estética. Es pensar en seguridad, en eficiencia, en sustentabilidad y en cómo se valoriza un activo a lo largo del tiempo. La luz acompaña cada metro cuadrado desarrollado, desde un complejo residencial hasta un centro logístico, y define la experiencia de quienes lo habitan o trabajan en él.
Con más de 70 años de trayectoria, en Italavia aprendimos que iluminar es proyectar futuro. Detrás de cada luminaria hay decisiones técnicas que impactan en la operación, en los costos y en la calidad de vida. Un edificio de oficinas, por ejemplo, puede destinar hasta un 20% de su consumo energético a la iluminación. Reducir ese porcentaje mediante tecnologías LED y sistemas inteligentes no es solo una mejora ambiental, también es un diferencial competitivo para atraer inquilinos corporativos y acceder a financiamiento verde.
Normativas, certificaciones y diseño responsable
La agenda internacional marca un camino inevitable: las certificaciones como LEED, EDGE o WELL se convirtieron en un requisito cada vez más presente en los proyectos inmobiliarios. Preparar un edificio para cumplir con esos estándares implica planificar la iluminación desde la concepción misma del diseño. No se trata únicamente de cumplir con la cantidad de lúmenes o la distribución de luminarias: se trata de integrar la eficiencia energética, la seguridad eléctrica, la reducción de la contaminación lumínica y el confort visual en un único sistema.
Para desarrolladores y constructores, esto significa pensar en la iluminación como una variable estratégica que atraviesa todo el proyecto. Un edificio certificado no solo consume menos y reduce emisiones, también incrementa su valor de mercado, mejora la experiencia del usuario final y asegura un cumplimiento normativo que cada vez es más exigente en licitaciones públicas y privadas.
La innovación juega un papel central. Contar con un departamento de investigación y desarrollo propio nos permitió anticiparnos a muchas de las necesidades del mercado latinoamericano: equipos preparados para condiciones climáticas extremas, soluciones adaptadas a normativas locales de seguridad eléctrica, integración con sistemas de control centralizado para ciudades inteligentes. Esa capacidad técnica no se traduce en tecnología por la tecnología misma, sino en soluciones que acompañan el crecimiento del sector inmobiliario.
La sustentabilidad también se redefine. Ya no se trata únicamente de reducir el consumo eléctrico, sino de elegir materiales con menor huella de carbono, de evitar la contaminación lumínica en entornos urbanos y de diseñar sistemas que respondan al movimiento de las personas, generando ahorros adicionales de hasta un 40%. Cada una de estas decisiones se traduce en confianza para inversores, en reputación para desarrolladores y en calidad de vida para los usuarios.
Mirar hacia adelante es imaginar una ciudad iluminada que ya no se limita a dar visibilidad. Las luminarias comienzan a integrar sensores que miden la calidad del aire, a funcionar como soporte de cámaras de seguridad o puntos de conectividad, y a crear experiencias urbanas más seguras y confortables. Para los desarrolladores, anticipar estas tendencias es asegurarse de que sus proyectos no solo respondan a la demanda actual, sino que también estén preparados para el futuro.
Después de siete décadas de experiencia, la enseñanza más valiosa es clara: la luz nunca es un accesorio. Es un componente estratégico de cualquier desarrollo inmobiliario. Integrarla desde la concepción del proyecto es una decisión que protege la inversión, impulsa la innovación y mejora la vida de las personas.





