En un mundo donde los hábitos de la sociedad cambian a un ritmo vertiginoso, los arquitectos y desarrolladores inmobiliarios enfrentan un desafío único: diseñar hoy para un futuro que puede ser completamente diferente en tan solo unos años. Alejandro Gawianski, CEO de HIT, reflexiona sobre cómo estos cambios impactan la manera en que concebimos y construimos los espacios donde trabajamos y vivimos.
«Las generaciones actuales, como la X, Z y los millennials, están acelerando sus cambios cada siete años», comenta Gawianski, refiriéndose a un estudio reciente que ilustra la rapidez con la que evolucionan los hábitos de consumo y comportamiento en estas cohortes. «Lo que diseñamos hoy será habitado recién en cuatro o cinco años. ¿Cómo podemos entonces imaginar y crear productos que no pierdan su propósito ni relevancia tan rápidamente?»
Este reto, según Gawianski, no solo se refiere a los avances tecnológicos o las dinámicas del mercado, sino también a los modos de habitar y consumir. «Nuestro desafío es crear productos flexibles, capaces de adaptarse a cambios tan inevitables como inesperados», afirma.
La demanda por flexibilidad se ha convertido en una constante en diversas áreas, desde el ámbito corporativo hasta la vida personal. «Las empresas ya no quieren adquirir oficinas ni comprometerse con contratos de alquiler a largo plazo», señala. «Buscan flexibilidad tanto para crecer como para reducirse, si la realidad así lo exige, y para adaptarse a los cambios en los modos de trabajo.»
Este deseo de adaptabilidad se extiende también a las generaciones más jóvenes, que valoran la libertad de elegir dónde, cómo y con quién trabajar y vivir. Los llamados «nómadas digitales» son un ejemplo claro de esta tendencia. «Hoy pueden estar en Buenos Aires porque es animada y barata en dólares, y el mes próximo en Sídney, Barcelona o San Francisco porque el clima es más agradable. Estos individuos buscan ‘surfear la vida’, sin ataduras a un lugar fijo», observa Gawianski.
Otro fenómeno que Gawianski destaca es el auge de la economía compartida, una tendencia global que ha cobrado fuerza en la última década. Empresas como Uber y Airbnb han revolucionado la forma en que consumimos y utilizamos los recursos, y este modelo está siendo adoptado por el sector inmobiliario.
«La idea es que el espacio físico no tiene por qué ser una carga permanente, sino una solución flexible y bajo demanda», explica. Esto permite que los espacios se adapten a las necesidades cambiantes de las personas y las empresas, sin ataduras a largo plazo, redefiniendo la relación entre arquitectura, tecnología y habitabilidad.
En el sector corporativo, los espacios de coworking han vuelto a llenarse de vida después de la pandemia, lo que indica una fuerte demanda por entornos de trabajo que ofrecen flexibilidad y adaptabilidad. Sin embargo, Gawianski también subraya que este nuevo paradigma requiere un cambio en la forma de financiamiento, sobre todo en contextos como el argentino, donde el ladrillo ha sido tradicionalmente un refugio de valor.
«El futuro del real estate nos invita a ser visionarios, a no temer a la disrupción, sino a abrazarla», concluye Gawianski. «Tenemos una profesión que nos permite soñar y crear el futuro en el que queremos vivir. Nuestro compromiso debe ser siempre con responsabilidad y calidad, tanto con nuestra comunidad como con el medio ambiente.»





