Desde la planificación del diseño hasta la transición hacia el consorcio, una mirada experta sobre las prácticas, errores comunes y el impacto de la tecnología en la prevención de riesgos.
1. ¿Cómo definirías hoy el estado de la seguridad en las obras en nuestra región?
La seguridad en las obras suele percibirse aún como un costo necesario pero no deseado. La tendencia general es invertir lo mínimo indispensable con el único fin de «cumplir» con la obligación de custodiar el espacio de trabajo. Esto lleva habitualmente a contratar empresas precarias que únicamente aportan personal poco capacitado, cuyo rol termina limitándose al de un simple «sereno».
2. Desde tu experiencia, ¿qué recomendación le darías a un desarrollador?
Muchas veces encontramos diseños arquitectónicos que no contemplan la seguridad desde su planificación inicial. Es comprensible que existan diversos factores prioritarios como el estilo, la calidad de los materiales, la funcionalidad o los requisitos legales; sin embargo, la seguridad debe incorporarse desde la fase de diseño, ya que tarde o temprano, al momento de la ocupación, las falencias se harán evidentes. Es mucho más eficiente trabajar con proyectos que hayan considerado aspectos clave de seguridad desde su concepción. Algunas preguntas esenciales que un desarrollador debería hacerse con el asesoramiento de un experto en seguridad serían: ¿Cómo serán los accesos para propietarios y visitantes? ¿Qué espacio ocupará el personal de seguridad? ¿Dónde se instalarán las cámaras? ¿Por dónde pasarán los cables y dónde se alojará el servidor del sistema de CCTV?
3. ¿Cuáles son los problemas de seguridad que comúnmente se presentan en los desarrollos?
Más que problemas puntuales de seguridad, destacaría los desafíos propios de la transición entre las distintas etapas de un proyecto. Habitualmente, existen tres fases claras: primero, el terreno y las etapas iniciales de construcción; luego, la obra en desarrollo, donde participan múltiples gremios, aumenta los materiales costosos y se requiere un control más sofisticado; y por último, la transición de la obra al consorcio ya constituido. Este último momento es especialmente desafiante porque empiezan a incorporarse los primeros propietarios mientras la seguridad aún depende del desarrollador. Aquí es crucial acompañar al desarrollador en la adaptación del sistema de seguridad, ya que las necesidades cambian significativamente cuando pasamos de proteger un edificio en obra a resguardar departamentos habitados por familias, con todas las particularidades que esto implica.
4. ¿Qué herramientas tecnológicas consideras imprescindibles hoy para mejorar el control y la seguridad en una obra?
Como mínimo, considero fundamental contar con cámaras, alarmas y sistemas de control de accesos. Las cámaras permiten una supervisión remota, realizar análisis forense ante incidentes, y aprovechar tecnologías avanzadas como las videoanalíticas para detectar, por ejemplo, si el personal utiliza los elementos de protección adecuados. Los controles de acceso permiten tener un registro preciso del ingreso y egreso del personal, monitorear la asistencia y determinar rápidamente la cantidad de personas presentes en caso de evacuación. Finalmente, un sistema de alarmas asegura que la obra permanezca protegida frente a intrusiones durante horarios no laborales.
5. ¿Cómo impacta la digitalización (drones, cámaras, sensores IoT) en la prevención de riesgos?
La tecnología ha transformado significativamente el ámbito de la seguridad. Actualmente contamos con herramientas que hace poco tiempo eran exclusivas del ámbito militar, como las cámaras térmicas, que permiten visualizar personas incluso bajo condiciones climáticas adversas como oscuridad total o niebla. La aplicación de inteligencia artificial en videoanalíticas multiplica las posibilidades del sistema tradicional de cámaras, facilitando tareas como reconocimiento facial, detección de áreas obstruidas, identificación del personal sin elementos de seguridad, alertas sobre vehículos mal estacionados y detección de objetos faltantes, entre otras.
6. ¿Qué buenas prácticas recomendarías implementar sí o sí en cualquier obra para minimizar riesgos?
Recomiendo establecer un riguroso control de accesos para monitorear quién entra, quién sale y con qué materiales sale. También implementar un sistema de cámaras adaptable, capaz de ir evolucionando en conjunto con el avance de la obra. Por último, instalar un sistema confiable de alarmas o disponer de personal de seguridad, dependiendo del tamaño del proyecto, para proteger eficazmente el sitio fuera del horario laboral.
7. ¿Qué deberían mirar los desarrolladores al contratar una empresa de seguridad?
En primer lugar, deberían asegurarse de que la empresa esté debidamente habilitada y cumpla estrictamente con las normativas laborales e impositivas vigentes. Las empresas de seguridad no son commodities: existe una percepción errónea de que se puede obtener el mismo servicio a menor costo, lo cual es falso. Una empresa responsable paga el 100% según la ley, mantiene al personal correctamente uniformado y genera fidelización en sus empleados, reduciendo considerablemente la rotación y mejorando notablemente la eficiencia del servicio. Son personas con vocación y no simples «serenos». Esto también minimiza significativamente el riesgo de responsabilidad solidaria para el cliente
8. Finalmente, ¿qué mensaje te gustaría dejar a los desarrolladores y constructores que todavía no priorizan la seguridad en sus proyectos?
Les recomendaría que consideren a la seguridad como un aliado estratégico y no como un simple gasto obligatorio. Con un buen asesoramiento, es posible combinar eficazmente tecnología avanzada con recursos humanos altamente capacitados, logrando que la inversión en seguridad no sea un costo, sino un aporte valioso para el proyecto.





