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Construcción con criterio: Ariel Sueiro y una mirada integral sobre arquitectura


Desde su experiencia como especialista en sustentabilidad, sistemas industrializados y neuroarquitectura, Ariel Fabián Sueiro plantea una visión amplia, realista y urgente sobre cómo deberíamos proyectar, construir y habitar.

Incorporar sustentabilidad real a los proyectos, sostiene, implica asumir que cada obra forma parte de un sistema más grande. Y para eso, hay que empezar por lo más básico: entender el sitio, su asoleamiento, su contexto, su rol futuro en la vida cotidiana de quienes lo habiten. A falta de un marco normativo claro que incentive buenas prácticas, la sustentabilidad queda muchas veces relegada a esfuerzos individuales. La ausencia de códigos que obliguen a pensar en eficiencia desde el diseño es, para él, una de las principales fallas estructurales. Hoy, con costos energéticos cada vez más altos, esa omisión ya no es sostenible.

También advierte sobre errores frecuentes en la interpretación del concepto de sustentabilidad. La elección de materiales, por ejemplo, suele basarse más en tendencias que en criterios técnicos rigurosos. El paradigma actual exige repensar todo el ciclo de vida de un producto: su origen, su proceso de fabricación, su uso y su posible reutilización. El enfoque circular —pensar desde el inicio en el segundo o tercer uso— debería ser el nuevo estándar.

Y cuando no se mide, no se mejora. Por eso destaca la importancia de mecanismos como el etiquetado energético: herramientas que no solo clasifican, sino que alertan. Un mal resultado, lejos de ser un castigo, puede ser el primer paso para corregir desvíos estructurales en los proyectos.

La construcción industrializada como herramienta de eficiencia y futuro

Uno de los pilares de su práctica es la construcción industrializada. Frente a los métodos tradicionales, este enfoque permite una ejecución más precisa, limpia y veloz, reduciendo al mínimo el desperdicio y ganando en previsibilidad. Pero más allá de lo operativo, lo que más valora es la posibilidad de planificar el desmontaje y la reutilización: proyectar no solo para el uso actual, sino también para el futuro.

La modularidad, en ese sentido, permite cerrar el círculo de eficiencia. Edificios que se pueden trasladar, adaptar o reconvertir según nuevas necesidades, sin generar residuos ni pérdidas económicas. Sin embargo, esto exige también una transformación cultural: implica capacitar a diseñadores, proveedores, operarios y equipos técnicos para trabajar con otra lógica, donde cada decisión está previamente calculada y ajustada.

A medida que se complejiza la escala de los proyectos, la necesidad de coordinación y aprendizaje colectivo se vuelve central. No se trata solo de diseñar distinto, sino de construir de otra manera, involucrando a toda la cadena productiva.

Diseño que se vive: neuroarquitectura, confort y percepción

La arquitectura también tiene un impacto directo en el bienestar de las personas. Por eso, Sueiro trabaja con criterios de neuroarquitectura para pensar espacios que respondan a las emociones, percepciones y necesidades de quienes los habitan.

Este enfoque contempla variables como la luz natural, la acústica, la forma, el color y la proporción, que pueden influir en la concentración, el descanso o el estrés. Su aplicación va desde viviendas y oficinas hasta hospitales y escuelas, con resultados concretos en la experiencia de uso. No se trata de un diseño decorativo, sino de proyectar con empatía, apoyado en evidencia científica.

Medir, verificar, corregir

La eficiencia energética, insiste, no puede resolverse con soluciones aisladas. Una buena envolvente, el uso de energías renovables, carpinterías eficientes o bombas de calor solo funcionan si responden a un diseño bioclimático coherente. De lo contrario, son simples parches. Por eso vuelve sobre un principio clave: si no se mide, no se puede mejorar. La verificación —a través de simulaciones, certificaciones o etiquetados— es lo que permite pasar del discurso a los resultados concretos.

Formación continua: una responsabilidad compartida

El futuro de la profesión asegura, será cada vez más técnico, pero también más interconectado. La incorporación de nuevas disciplinas como la neurociencia, la biología o la inteligencia artificial en el diseño arquitectónico ya no es una opción, sino una necesidad.

En este escenario, la formación cobra un rol central. Las universidades, sostiene, deben incorporar la sustentabilidad y la arquitectura bioclimática en el grado, no relegarlas a cursos optativos o posgrados. “No lo puedo hacer después”, enfatiza. El piso formativo debe elevarse si se quiere achicar la brecha entre los profesionales que puedan responder a estos desafíos y los que no.

Mientras tanto, recomienda seguir aprendiendo: explorar bibliografía de calidad, participar de programas de posgrado serios y profundizar en diseño sustentable y neuroarquitectura, evitando soluciones simplificadas o cursos que prometen resultados instantáneos. La clave, dice, está en cuestionarse, observar, volver a mirar. Y leer: mucho, en español, en inglés, en múltiples fuentes. La arquitectura del futuro no se improvisa: se construye con conocimiento, compromiso y visión.

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Far far away, behind the word mountains, far from the countries Vokalia and Consonantia there live the blind texts.