Por Ani Rubinat
Su enfoque se distingue por integrar innovación, sensibilidad espacial y cultura organizacional. A lo largo de su carrera, ha liderado proyectos que combinan funcionalidad, bienestar y visión estratégica, consolidando su presencia como referente en la transformación de espacios de trabajo en América Latina.
Cuando una empresa decide rediseñar sus oficinas o sumar nuevos espacios, muchas veces hay algo más profundo en juego: está atravesando un proceso de transformación. Ya sea por un cambio cultural, una reestructuración, la necesidad de optimizar recursos o simplemente por instalarse u ocupar un nuevo lugar, el diseño del espacio aparece como un punto de inflexión.
Desde Rubinat acompañamos estos momentos con una mirada que va más allá de lo estético. Para nosotros, diseñar es dialogar. Es abrir una conversación con cada organización para entender quiénes son, cómo trabajan, hacia dónde quieren ir. El diseño no empieza con un plano: empieza con preguntas.
Nos interesa conocer los valores de la empresa, su cultura, sus formas de vincularse, su visión a futuro. Traducimos toda esa información en propuestas concretas: layouts y looks & feels que luego se especifican en materiales, mobiliario, iluminación, uso del color, entre otros. Cada decisión busca reflejar la identidad de quienes van a habitar ese espacio.
Trabajamos con un equipo interdisciplinario que se forma para cada proyecto, y lo hacemos junto a nuestros clientes. La escucha atenta, el ida y vuelta constante, la posibilidad de co-crear, son parte esencial de nuestro proceso. El objetivo no es solo resolver una necesidad funcional, sino potenciar lo que esa organización ya es —y lo que puede llegar a ser.
La innovación es parte de nuestro ADN. Nos actualizamos constantemente sobre nuevas formas de habitar el trabajo y cuáles son sus recursos: viajamos a ferias internacionales, exploramos tecnologías como BIM y herramientas de inteligencia artificial, e incorporamos principios de neuroarquitectura y diseño biofílico. Siempre con un objetivo claro: mejorar la experiencia de las personas.
Lo que distingue a cada proyecto es, sin duda, la historia que cuenta. Hemos diseñado oficinas para industrias muy diversas, y en todos los casos buscamos algo en común: espacios vivos, que acompañen, inspiren y generen pertenencia.
El impacto de lo que hacemos muchas veces se mide en esas devoluciones que recibimos: una empresa que decide replicar el mobiliario diseñado para un director porque “todos lo quieren igual”; otra que descubre que al quitar los tachos individuales aumentó enormemente la cantidad de elementos reciclados; o simplemente, cuando un cliente vuelve a llamarnos para su próximo proyecto.
A veces, lo más valioso que deja un proyecto está en lo que moviliza. En cómo transforma lo cotidiano. Diseñar, en ese sentido, también es anticipar futuros posibles.





