En Paraguay, el campo no solo alimenta: también se consolida como uno de los activos inmobiliarios más estables y atractivos de la región. En un país donde la tierra sigue siendo el motor de la economía, la mirada sobre el agro ya no se limita a la producción, sino que avanza hacia su valor como inversión, su gestión sostenible y su proyección global.
“Siempre decimos que la tierra vale lo que se produce en ella y cómo se produce”, afirma Juan Manuel Battilana, referente de TRATTOAGRO, empresa especializada en la compraventa, gestión y administración de propiedades rurales. “En la medida en que aplicamos tecnología y eficiencia, aumentamos la rentabilidad, y eso genera valorización. La diferencia del campo como activo inmobiliario es que siempre está produciendo, a diferencia de otros bienes raíces urbanos, y por eso mantiene un valor que trasciende coyunturas.”
Un nuevo mapa productivo: el protagonismo del Chaco
Hoy el interés se concentra especialmente en el Chaco paraguayo, una región que combina expansión, productividad y visión de futuro. Battilana identifica dos modelos que dominan el mercado actual: grandes productores que adquieren propiedades de más de 5.000 hectáreas, y un modelo de producción circular donde el grano se transforma en proteína animal o biocombustible.
“Este último gana fuerza porque el Corredor Bioceánico representará un cambio de paradigma: reducirá drásticamente los costos logísticos para llegar a Asia, el mercado del futuro para alimentos y proteínas.”
Paraguay, explica, reúne condiciones que lo hacen especialmente competitivo: un esquema tributario simple y estable, costos laborales flexibles, acceso a créditos y una macroeconomía sólida. “En 2024 crecimos un 4% y en 2025 se proyecta un 3,8%, con inflación controlada y una deuda pública baja. A esto se suma que toda nuestra energía es renovable, contamos con profesionales de primer nivel y una creciente inversión extranjera que ya ronda los 10.000 millones de dólares.”
El desafío no se limita a la compra de tierras. La administración y gestión eficiente de las propiedades es un aspecto clave para cualquier inversor. “Muchas veces el desafío es la distancia o la falta de tiempo, pero hoy Paraguay cuenta con equipos técnicos altamente capacitados que pueden operar de manera profesional, brindando seguridad y transparencia. Eso convierte al país en un destino confiable para quienes buscan invertir en el agro.”
Battilana también destaca el compromiso ambiental que caracteriza al sector. “Paraguay es un ejemplo a nivel mundial: en la Región Oriental la ley exige conservar el 25% de monte natural, y en el Chaco, el 50%. Esto convierte a nuestra ganadería y agricultura en producciones que parten de una base sostenible. Además, el 100% de la electricidad proviene de fuentes limpias.”
La diferencia frente a otros activos inmobiliarios, explica, radica en la resiliencia del campo. “Un inmueble urbano depende de la ubicación y del modelo de negocio: si uno falla, se puede perder gran parte del capital. La tierra agrícola, en cambio, siempre produce —granos, fibras o carne—. Puede variar la renta, pero nunca queda en cero. Históricamente, las tierras se revalorizan entre un 4% y un 7% anual.”
Ante la volatilidad de los precios internacionales de los commodities, el modelo circular aparece como una respuesta estratégica. “No se trata solo de vender granos, sino de generar productos con mayor valor agregado: carne, biocombustibles, alimentos especiales. Eso aporta estabilidad en el retorno y fortalece tanto el pilar productivo como el inmobiliario.”
Mirada de largo plazo
El perfil inversor, por su parte, está cambiando. “Hoy vemos principalmente grandes productores y fondos internacionales que buscan operaciones de escala, con tickets de entre 5 y 50 millones de dólares, enfocados en proyectos sostenibles y de largo plazo.”
A la hora de valorar una propiedad rural, Battilana asegura que el precio real no depende solo de la superficie: “Influyen factores como la fertilidad del suelo, la temperatura, el régimen de lluvias, la logística y, por supuesto, la seguridad jurídica. Esos son los elementos que marcan la diferencia entre un campo y otro.”
De cara al futuro, su visión es optimista y clara. “El mercado inmobiliario rural, especialmente en el Chaco, tendrá un crecimiento exponencial. La expansión agropecuaria irá acompañada de agroindustrias, servicios logísticos y mayor atracción de capital extranjero. El Corredor Bioceánico marcará un antes y un después, abriendo las puertas de Asia y reduciendo costos y tiempos de exportación.”
Más allá de los números y las proyecciones, el agro paraguayo parece haber encontrado un equilibrio entre producción, inversión y sostenibilidad. Un modelo que mira hacia el futuro sin perder su raíz, donde la tierra sigue siendo el punto de partida —y también el horizonte— de un país que crece desde su propio territorio.





